jueves, 29 de abril de 2010

REFLEXIÓN SOBRE MI PRÁCTICA DE HISTORIA


Mi experiencia con la historia se remonta a mi paso por la escuela primaria, la conocí a través de una enérgica; profesora: "La Seño Pacheco", como era conocida en la escuela, quien se jactaba de que con ella los muchachos "aprenden, porque aprenden", y como no esforzarse en hacerlo, toda vez que la consecuencia de fallar con una asignación eran algunos consecuentes reglazos, propinados en ambas manos.

Las clases de historia consistían en tediosas lecturas de auditorio, por asignación y dictados interminables con los que quedaban los dedos entumecidos y frecuentemente con la aparición de un "callo" producto del prolongado uso del lápiz; las tareas eran larguísimos cuestionarios de preguntas cerradas o la copia completa de la "lección".

En mi estancia por los distintos centros escolares la experiencia no tuvo mucha variación, solamente cambiaron los maestros, pero las prácticas de enseñanza continuaron de forma semejante.


Con tales antecedentes, obviamente, el gusto por la historia quedaba excluido de mis preferencias.

Fue escuchando las clases de historia que impartía una compañera, gracias a la cual, debo aclarar, la historia dejó de ser una asignatura aburrida y complicada para mí.

Tomando como ejemplo las clases que me devolvieron el "amor" por la historia, me propusé lograr que mis alumnos también lograran sentir, al menos, agrado por esta asignatura.

Comencé por eliminar los cuestionarios cerrados y opté por utilizar solo limitados cuestionamientos abiertos que provocaran que los alumnos/as vertieran sus ideas libremente; la dinámica utilizada para impartir la clase era relatar los acontecimientos históricos con el lenguaje coloquial común en los discentes, relatando anécdotas y datos de los personajes de tal manera que los percibieran como seres humanos reales, con defectos y virtudes y no como seres perfectos.

Continúo trabajando de la misma forma, y trato de esforzarme cada día buscando nuevas ideas y prácticas en la enseñanza de la asignatura para que los niños/as que atiendo no sufran experiencias similares a la mía.

ALMA GRACIELA